Máximas clásicas y mínimas barrocas

Máximas clásicas y mínimas barrocas

  • El deber es el derecho del revés.
  • La angustia de la página en blanco se combate con humor negro.
  • Un arquitecto innovador es el que lee el futuro en las grietas de las casas.
  • Las mujeres no quieren sexo ni seso: lo que quieren es romance.
  • Dios es tan humilde que ni siquiera existe.
  • Es justo violar toda ley, a condición de fecundarla.
  • La vida y el amor están determinados por reacciones no sólo químicas, sino también alquímicas, con su azar inexplicable.
  • Quien no tiene sueños, tiene dueños.
  • Se hablan en el mundo cerca de ¡5.000 lenguas! ¿Cómo decir exactamente lo que se quiere decir?
  • Si la Historia la escriben los vencedores, la Historia es siempre la versión de Caín.
  • Una de las premisas de la mecánica cuántica sostiene que el mero acto de examinar y constatar un fenómeno produce cambios en él. Otro principio establece que las partículas elementales, incluyendo los electrones, actúan como ondas que pueden atravesar una barrera, pero éste fenómeno sólo se produce si puede ser observado. Cuanto mayor es la observación o más tiempo dura, mayor es el cambio producido. Percibir equivale a transformar.
  • Los “ejércitos de paz” de la OTAN defienden la democracia, pero no la practican.
  • Un referéndum no tiene ningún valor ético, sólo estadístico. La verdad moral no surge del consenso.
  • Una legislación que considera el síndrome de abstinencia como atenuante de responsabilidad penal, privilegia y subvenciona la drogadicción.
  • El simple hecho de seleccionar la información permite a los medios de comunicación mentir sin decir ninguna mentira.
  • No lo sé ¿El qué? No lo sé.
  • El espejo y el vestido representan el cambio continuo, gracias al cual podemos reconocer nuestra propia existencia. Narciso se ahogó ensimismado por el temor a que la corriente se llevara su imagen.
  • Si los destinos sólo son individuales, no hay mundo.

Estos aforismos forman parte del libro:  “Nostalgia geométrica del caos”, de Rafael Gonzalo – Madrid, 2001

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