Tutela y corruptela infantil

Tutela y corruptela infantil

La legislación incurre en algunas paradojas en cuanto a derechos y deberes de los menores. Tras la aprobación de la ley de prevención del tabaquismo, los menores de edad están más protegidos que nunca del humo de los cigarrillos, mientras que fumar, tomar alcohol y drogarse no está penado. Un menor en España puede tener permiso de armas para la caza, puede casarse y divorciarse, pincharse heroína en el domicilio paterno, firmar un contrato laboral, consentir relaciones sexuales incluso con adultos, tomar la píldora postcoital o abortar, hacer testamento, someterse a una operación de cirugía estética, atiborrarse de contenidos violentos y obscenos en el cine, la prensa o la televisión…, pero tiene prohibido entrar en un bar en el que esté permitido fumar, aunque esté acompañado por su padre. Los resultados de tanta hipocresía saltan a la vista: el tabaquismo entre los jóvenes ha crecido un 30%, a un ritmo similar al de otras adicciones como la cocaína o las drogas de diseño; la tasa de fracaso escolar se sitúa por encima del 60%, consecuencia de un sistema educativo demencial; aumentan los niveles de absentismo, y los estudiantes españoles tocan fondo como los más ineptos de Europa; conscientes de su inmunidad, se disparan los índices de delincuencia juvenil, incluso infantil; hacen estragos las depresiones y los suicidios, el maltrato, la pornografía, la explotación… Todo ello avalado por unas leyes de protección de menores tan ridículas como la legislación en general y el código penal en particular (que no tiene reparo en considerar, por ejemplo, como mera agresión sexual, pero no violación el abuso de niños pequeños “cuando no existe resistencia por parte de la víctima”). Que los chavales no puedan entrar en los bares es una buena excusa para irse de botellón, pero completamente irrelevante ante el panorama general. Si se hiciera algo por mejorar éste último, ya se cuidarían ellos solos de todo lo demás.

El tiempo todo locura

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