Entradas

El alma es la principal función del cuerpo

En una entrevista publicada en un diario madrileño, declaraba un científico del Hospital Universitario de Alicante que la razón por la que tenía prohibido investigar con células madre tenía su origen en una interpretación del pensamiento de Aristóteles, que cada vez tenían menos en consideración los creyentes. En concreto, tal pensamiento conservador se ha basado en los argumentos del filósofo griego sobre la inserción del alma en el embrión. Sin embargo, es un auténtico sarcasmo que se apele a la opinión de Aristóteles para oponerse a ese tipo de investigación, cuando si éste viviese, y teniendo en cuenta su insobornable voluntad de conocimiento, es muy probable que estuviese investigando, no ya con células madre, sino con células padre, con el hijo y el espíritu santo.

En realidad, el concepto aristotélico de alma ha dado ya pie a más de un malentendido. A este respecto, explicaba Aristóteles que “el alma es al cuerpo lo que la función es al órgano; lo que la visión al ojo”. Para el filósofo griego “el alma es la primera entelequia del cuerpo físico que en potencia tiene vida”. Por entelequia entendía la realización de toda la perfección que un ser puede alcanzar. O, lo que es lo mismo, el paso de la potencia al acto que realiza un ser, su realidad plena. Pero todos entendemos por entelequia, como dice el diccionario, algo irreal, como la invención, la fantasía, el sueño o la utopía, lo opuesto en fin a la realidad. Paradójicamente, coincidimos con Aristóteles en la consideración del alma como una entelequia, pero en la acepción de mera fantasía, algo que no tiene existencia ni posibilidad de existir. Sin embargo, la idea del filósofo es veraz y asombrosa: el alma es una construcción, la máxima entelequia del cuerpo, su función principal y más perfecta. Encontramos ecos de esta visión profunda del hombre dos mil años después, en el poeta inglés John Keats, para quien el mundo es el valle de la creación del alma.