Paradoja de la corrupción policial. Todas las Policías del mundo utilizan la figura del confidente como principal fuente de información, aunque no la revelen, ya sea por la confidencia en sí o por el resultado de la investigación que genera. De este modo, la figura del confidente pone de manifiesto la debilidad de la ley, que implora la ayuda de quien la ofende, resultando la paradoja de que, para salvaguardar la legalidad, sus propios representantes se ven en la obligación de pactar y participar de la delincuencia, fenómeno conocido desde antiguo como corrupción, bien sea que aliviado por la necesidad.

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   ¡Eutanasia obligatoria para todos! En España existen tres millones de discapacitados que tienen la fea costumbre de no querer morirse, pero el más famoso de ellos y quien más cobertura informativa ha suscitado es precisamente uno que sí ha logrado suicidarse. Esto es así porque los medios de comunicación y la oligarquía política prefieren fomentar una visión de la discapacidad como un estado en el que no vale la pena vivir, habida cuenta que los enfermos mentales y los paralíticos ni votan ni producen, pero hay que mantenerlos, así que mejor están muertos, en lugar de prestar atención a quienes proponen la adopción de medidas indiscriminatorias para que todos los afectados por enfermedades o minusvalías puedan ejercer sus derechos como los demás, en la medida de lo posible, incluido el derecho a disponer de su propia muerte.

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   Encrucijada y eterno retorno. La tradición de la modernidad y el progreso busca en todo “la primera vez”, frente a la tradición de la fatalidad y el destino, que lo que busca es “la última vez”. A cada uno de nosotros corresponde elegir entre un lenguaje de Anunciación o un lenguaje de Apocalipsis, empeñarse en vivir o empeñarse en morir.

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   Amantes y diamantes para siempre. Se incurre en un error al considerar el divorcio exclusivamente como disolución del vínculo matrimonial, cuando en realidad es el nacimiento de un tercer estado civil, crea entre los antiguos cónyuges una nueva relación que los vincula para el resto de sus vidas. Es decir, cuando uno se divorcia, no lo hace de alguien, sino con alguien. El divorcio, como los diamantes, es para siempre...

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   Fundamentalismo latente de los ideales humanitarios. En plenas guerras de religión en Europa, Pierre de Bèrulle advertía que el giro copernicano en las ciencias era preciso darlo además en las almas, y no decir más Dios con nosotros –fundamentalismo, al fin y al cabo– sino nosotros con Dios, que es una creencia más propia del humanismo. Y dejando claro, entonces, que ese nosotros fundamentalista puede ser cualquier cosa, incluido, pongamos por caso, un ideal como el que rigió los experimentos e investigaciones científicas con cobayas humanas que desde la república de Weimar para acá, y con el dudoso fin de mejorar a la Humanidad, no han dejado de realizarse, ideales humanitarios a los que tan aficionadas son las sociedades modernas en su relación con los países pobres.

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   Clítoris sin fronteras. Las mujeres en África mueren de hambre, de sed, por falta de asistencia médica, por epidemias o como consecuencia de guerras y catástrofes naturales, pero las ONGs y los que dicen luchar “por la dignidad de la mujer africana” están más interesados en su clítoris que por comprender el entorno en que se produce la ablación y por conocer sus verdaderos problemas. La ablación de clítoris es una cuestión grave, pero mucho peor es la destrucción de África. Si se hiciera algo para evitar la segunda, sería bastante más fácil combatir la primera.

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   Perspectivismo totalitario. “Todo es relativo” y “Todo es subjetivo”, bajo su disfraz aparentemente dialogante, son las frases más intolerantes y dogmáticas del mundo, porque dan a entender que todas las opiniones y todas las formas de pensar son igualmente respetables y que, con independencia de su contenido, siempre existen motivos para justificar cualquier acto, aun el más aberrante, demostrando así una completa incapacidad para admitir ninguna autoridad por encima de la propia opinión y una falta de criterio abrumadora.

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   Las primeras impresiones se merecen una segunda oportunidad. Contra lo que se cree, la frase de Terencio: “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”, no sólo no preserva la intimidad, sino que reivindica la capacidad en cuanto hombre para comprender la intimidad de otro, al tiempo que inicia para la filosofía la figura del intelectual como metomentodo.

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   Envidia y soberbia. En España se dice que el pecado nacional es la envidia, aunque para los extranjeros el pecado de los españoles es la soberbia. Esto podría significar que, de puertas adentro, nos mostramos envidiosos, y en el extranjero, prepotentes y soberbios. O también, y es lo más probable, que el verdadero pecado de los españoles sea una mezcla de las dos, como prueba que sólo en español existe el término envidia sana, para referirse a la soberbia de quien no puede reconocer su envidia.

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   No somos nada. Para las televisiones somos cuota de pantalla, para la radio niveles de audiencia o share, cualquier espectáculo depende de la cantidad de público, para los políticos somos volumen de votantes, para el Estado un número de DNI, Hacienda nos controla a través del NIF y todos tenemos también un número de Seguridad Social; el mercado se nutre de masas de consumidores, las multinacionales hablan de volumen de clientes y todo se reconoce por cifras y siglas; existen en el mundo 824 millones de personas desnutridas, 630 millones de indigentes, 40 millones de infectados por el virus del SIDA, un millón de personas mueren cada año por accidentes de tráfico, mil millones no tienen acceso al agua potable... Las cifras no duelen y ya sólo nos queda la contabilidad.

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Del libro "El tiempo todo locura", de Rafael Gonzalo, 2007

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